










Durante estos tres días, iglesias de cada rincón del Perú se unieron en ayuno y oración, elevando un clamor constante por nuestra nación y por el mundo. Bajo el lema “La oración es la luz y el poder, es la acción misma de Dios”, se reafirmó la convicción de que la oración no solo transforma corazones, sino que también desata el obrar divino en medio de las circunstancias.
Este tiempo fue marcado por la presencia de Dios, momentos de humillación, intercesión profunda y renovación espiritual. Cada jornada estuvo llena de fe, esperanza y la certeza de que Dios escucha el clamor de su pueblo.
El Ayuno Nacional es una expresión viva de unidad del cuerpo de Cristo en el Perú, realizándose mes a mes como un llamado a mantenerse firmes, vigilantes y comprometidos con la obra de Dios.
Seguimos creyendo que, a través de la oración, Dios continúa obrando poderosamente, trayendo luz en medio de la oscuridad y dirección para nuestra nación.