








Durante estos días de bendición, miles de creyentes participaron de cultos de adoración, jornadas de enseñanza bíblica y momentos de profunda comunión espiritual, evidenciando que, a pesar de las diferencias culturales y geográficas, la Iglesia de Cristo permanece unida bajo un mismo sentir y una misma fe.








El congreso contó con la presencia de los Oficiales Internacionales del Movimiento Misionero Mundial, encabezados por el Presidente Internacional, Rev. Rubén Concepción, junto a los supervisores nacionales y líderes de los diferentes países de Sudamérica, quienes reafirmaron el compromiso de continuar extendiendo el Evangelio hasta lo último de la tierra.








Uno de los momentos más significativos fue la gran marcha de las delegaciones sudamericanas, donde miles de hermanos recorrieron las calles proclamando que Jesucristo vive. Banderas de las diferentes naciones ondearon con alegría, simbolizando la unidad de la Iglesia y el deseo de seguir anunciando el mensaje de salvación a todas las naciones.
En esta histórica jornada destacó la participación de la delegación del Movimiento Misionero Mundial del Perú, que llegó con entusiasmo, fervor y un profundo amor por la obra de Dios. Los hermanos peruanos se hicieron presentes tanto en las actividades del congreso como en la multitudinaria marcha, testificando con gozo su compromiso con la predicación del Evangelio.
Asimismo, sobresalió la presencia de nuestro Supervisor Nacional del MMM Perú, Rev. Josué Ascarruz Pacheco, quien, junto a la delegación peruana, participó activamente de este importante encuentro continental. Su presencia fortaleció los lazos de fraternidad entre las iglesias de Sudamérica y reafirmó el compromiso del Perú de seguir trabajando por la expansión de la obra misionera.






El VI Congreso Sudamericano concluye dejando un mensaje claro: Cristo sigue uniendo a Su Iglesia y levantando una generación comprometida con la Gran Comisión. La participación de cada nación, y especialmente del MMM Perú, refleja el anhelo de continuar llevando el Evangelio con fidelidad, hasta que toda lengua y toda nación exalten el glorioso nombre de nuestro Señor Jesucristo.