












Todas las sociedades de nuestra iglesia —damas, caballeros, jóvenes y niños— participaron con entusiasmo, elevando oraciones, cantos y mensajes de esperanza por nuestra patria. Fue un tiempo especial para reconocer la mano de Dios en la historia del Perú, agradecer por las bendiciones recibidas y clamar por una nación unida, justa y guiada por principios divinos.
Al unir nuestra voz con la de miles de peruanos que celebran esta fecha memorable, reafirmamos que la verdadera libertad se fortalece al reconocer a Dios como Señor de nuestra tierra. Nuestra iglesia se compromete a seguir siendo luz y sal en la sociedad, aportando fe, valores y servicio a la nación.